11/05/2009

¿QUIERES SER PERIODISTA?

Tarde de algún día de 2003. Cerro Placeres en Valparaíso y la profesora de la clase (hija de un desaparecido doctor coronario) nos comenta a la audiencia: “Desde ahora, tendrán que saber de todo… DE TODO. Tendrán que conocer de todo lo que pase, suceda, pasó o cualquier cosa. Deben tener conocimientos del porte de un océano… con un milímetro de profundidad”.

Cuando estás sentado a la mesa de visita en algún lugar justo cuando son las 9 de la noche, la atención se divide en dos puntos: la tele y tú. Por el hecho de estudiar periodismo, se piensa que uno maneja todo lo que pasa en esos sesenta minutos (que milico!) de información, casi en una especie de prueba de actualidad. Muchos esperan que les aportes más datos o simplemente confirmar el prejuicio que uno está estudiando puras weás.

Lo cierto, es que uno al meterse en esto maneja miles y diversos datos de toda índole. No tengo idea cómo daña el virus de los chanchos (solo sé que varias veces me han puesto el P3C4 en el ojo varias veces) ni tampoco sé en cual es el beneficio para el común humano la baja de la tasa de interés. Pero son cosas que deben estar en la wikimente de una persona de mi condición educacional.

A veces, el saber tanta cosa de todo, me hace pensar que de mí, como persona, me hace tener pocos datos de mi mismo. Como que quedo corto cuando quiero decir algo sobre mi y al contarlo no logro el impacto que me gustaría traspasar de las cosas que me pasan y que generan ese impacto en mi.

Falta el dato duro quizás.

Hace unos días, un ejecutivo me sacaba las cuentas de cuanto de mis ingresos debería destinar para tener una pensión digna.

El piso para tener esa pensión digna, eran 600mil pesos chilenos. Es decir, salir de la universidad ganando eso.

Por dentro, me reía. Y bastante. Le expliqué que como corresponsal en regiones de una gran radio, cuya frecuencia está entre la Romance y la Universo en Santiago, pagaban $1250 por despacho. Y que en el diario más antiguo de habla hispana pagaban $7mil por nota en un día.

“Saca la cuenta” le dije.

En ese mismo instante, recordé a mi sobrina de 4 años que, sonriente, se me acercó y me dijo: “¡Tío! ¡Yo soy periodista!” entregándome sus apuntes (que eran rayas hechas con lápices scripto sobre la tapa de un cuaderno)

“¿Ah, sí?” –le pregunto emocionado y aguantándome la risa para no incomodarla- ¿Y donde trabajas?

“En el Líder” me responde inocente.

Miro en el acto a mi hermano y él, como yo, no aguanta la carcajada ante semejante respuesta. Irónico, agrega: “Que bueno, Camila, tu tío va a ser colega tuyo ahí mismo en unos años más”

Cuando se me ocurrió entrar a estudiar esto del periodismo, no lo hice por que fuera la carrera más fácil para estudiar, como dijo cierto imbécil que se las daba de escritor cool por ahí, ni porque mi proyección de vida sería limpiarle la imagen a alguna empresa que genialmente se le ocurriera tirar sus desperdicios a algún lago para después decir que es responsable con el medioambiente.

Mi idea, es esto, escribir de lo que sucede, de lo que pasa. Notar lo que vemos a diario pero hacemos caso omiso de ello. Apoyar eso con imágenes y sonidos que pudieran recrear una realidad que vista desde ese punto se hiciera más digerible.

Me preguntan recurrentemente que donde me sentiría mejor trabajando, en cuanto a medios. Me da lo mismo es la respuesta casi por archivo predeterminado. Uno que gusta de la palabra PERIODISMO asimila eso: la tele, la radio o el diario son plataformas para desarrollarte como profesional, y que el reconocimiento público, es una consecuencia de hacer bien tu pega… y a veces para quienes además, son bonitos.

Siento que si escribiera a diario, al menos una página reflexionando en todas las cosas fuera de sentido común que me ocurren en cada jornada, mejoraría tremendamente la tecla (come on! Ya no se dice “pluma”) y quizás podría estar yendo a Londres no a conocerla, sino a buscar las librerías que están desparramadas por la ciudad, como apareció hoy Fuguet, en la revista de viajes de El Mercurio.

Reconozco flojera en ese aspecto. Lo válido no es reconocerlo, sino cambiarlo.

Para mi, estar estudiando esto, es algo tan entretenido, que me llena en un 80%. Como le decía a Pizarro, evocando su gran frase de 2005, antes de entrar al examen de Radio, para mi esto casi pasa a ser un mero trámite, porque para mi nada es ajeno en esto. Estoy dentro.

Me prometí dormirme temprano hoy para mañana no andar con sueño. Son la 1.33AM y ni una pizca de sueño, debido a lo cómodo que es estar toqueteando las teclas de este notebook. Tal como los periodistas, que encuentran en la noche, el mejor momento para escribir lo que les sucede en la vida.

Solo me falta el cigarro y el café. Pero no me gusta fumar solo.

Y es tarde para tomar café.

2 comentarios:

GoroCachorro dijo...

No amigo..

Pero les harè la misma pregunta
a mis alumnos...

cuando los tenga..

[que màgica la inocencia de los pequeños, simplemente me encanta!]

Paz!

Claudia dijo...

1: Que buen punto tocaste ahí en el tema de almacenar datos ajenos, a mi me pasa y para peor, cada vez más, debido al asunto de almacenar esos datos ajenos, que a su vez van borrando mis propios datos.
Como soy old school, anoto con lápiz y papel lo que dicen y aplico memoria; una especie de rewind a lo que el entrevistado dijo..o F5, y como es manuable, la pila se agota..es decir, mi cerebro se funde...
2: Morí con el periodista del Líder...a pesar de que en San Antonio hay un pasquín con ese nombre xD
3: Viste! no recuerdo que más tenía que decir sobre otro punto...xD
4: "El mero trámite", uta esa frase quedó mega archivada, al igual que otras que, para qué mencionar por este medio público. Sabemos!.
5: Escribe más seguido dale? Me entretiene demasiado leerte
6: Me mataste con el wikimente...
7: Te adoro todo el rato
8: y Enchulé mi blog..xD

LOVE U!