13/12/2008

FRIENDS

Si mi vida fuera una sitcom… yo viviría con el Jorge. Y en el departamento del frente viviría el Eric con el Jose. El Gustavo viviría con el Willy en el edificio que queda justo en la ventana principal de mi apartamento y pasaríamos demasiado tiempo en algún café del centro. Por supuesto pasarían en mi departamento y ahí sucederían miles de cosas: risas, llantos, peleas y por sobre todo, primaría la amistad.
Ah, obvio, habrían miles de “guest stars”, en una rotación infinita de gente que nos visitaría, aunque algunas aparecerían en episodios bastante seguidos y otros se incorporarían al elenco de manera definitiva.
Puede que como grupo de amigos no viajemos nunca a Las Vegas o a Londres, pero sí habríamos viajado a Iquique a celebrar un matrimonio o a Temuco a celebrar otro. Y al final de ambos fracasos, saber que contamos con los seis para recuperarnos y salir adelante nuevamente.
En las sitcom, siempre todo es liviano. Las peleas se resuelven con risas grabadas o de la audiencia de donde se graba. Sea cual sea el conflicto, se resuelve, de manera amistosa, tal como cuando yo me peleo con uno de ellos.
Detrás de cada discusión hay un cariño, de atención, de protección, de no querer que al otro le pase algo malo. Por supuesto también aparecen las bromas en las cuales los efectos de sonidos de risas son espontáneos y finalmente todo queda en un agradable momento.
Pero la vida no es una sitcom. De hecho, ni siquiera vivo cerca de ninguno de los cinco y eso vaya que me ha penado durante mucho tiempo. Porque uno durante la vida conoce mucha gente y de confiado uno abre las puertas para que lo conozcan. Pero cómo duele saber que esa gente a la cual uno le abre esas puertas las deja rasguñadas, rayadas o incluso orinadas cuando no han sabido girar bien la perilla y te das cuenta que existe gente en realidad mal intencionada y lo único que te queda como refugio son esos amigos que sabes que no te juzgarán porque te conocen en esencia y no bajo especulaciones de “información que les llega sin moverse del computador”.
Siempre me han hecho falta esos amigos y siempre he maldecido a la Internet por ser la única manera de estar en contacto ya que he estado constantemente lejos de ellos. Todavía me queda la esperanza de estar en algún momento más cerca de cada uno, porque los extraño, y sé que también ellos sienten que hace falta ir a tomar café en un lugar solo para nosotros.

Pd: no, jamás me los he imaginado como en el video de Queen, I want to break free. Eso es para otro tipo de “amigos/as” que justamente nosotros odiamos.

LUNA

Mientras apretaba el botón “channel ^” de manera casi autómata, (y luego de un día donde me frustré, desilusioné y espanté, luego de ser tratado de mentiroso, además de otros epítetos que me duele el estómago recordar) me detengo en las noticias de Canal 13 de la noche. Parten el noticiero con que la luna se verá más grande y brillante que el resto de las otras noches. Termino de ver la nota y salgo al patio para ver qué tal era lo que anunciaban.
Efectivamente, la luna se veía más grande y más brillante que nunca. Siempre me ha gustado mirar la luna en esta época justamente porque se ve así, pero lo de esta noche era algo superior. La sensación quizá era la de alguien que constantemente va a ver conciertos y recitales y fue esta semana a ver a Madonna. Claro, los niveles no son los mismos, pero sí es algo más cercana la comparación.
Mientras la miraba, hice la reflexión que solo existen tres cosas en el universo que los humanos podemos ver de manera natural simultáneamente, independiente de la distancia en que nos encontremos (y bueno, en qué lado del planeta estemos también) y una de ellas era la luna. Las otras dos son el cielo y el sol.
Al sol no lo puedes ver fácilmente de manera directa. El cielo es demasiado grande para verlo en su totalidad. La luna en tanto, muchas veces pasa desapercibida y solo es perceptible para personas que guardan ese estúpido sentimiento de romanticismo en su forma de vida. Como yo.
Al amparo de la luna han ocurrido muchas cosas, quien sabe qué o las sabe perfectamente pero no se atrevería a contarlas justamente porque la complicidad que te da la noche y la iluminación perfecta que te da la luna lo ha hecho.
Si uno ve al sol, se puede encandilar. Si uno ve a la luna puede pensar. Pensar en que hay días que son una verdadera porquería. Pensar que hay semanas, meses o incluso años en los cuales no sabes como los has podido soportar porque han sido más los disgustos que las alegrías que se han vivido.
Cuando uno ve a la luna, levanta la cabeza, porque no hay mucho en el cielo que te pueda distraer. Y la miras. Y respiras. Y te das cuenta que puedes respirar hondo y reflexionar que cuando en unas horas más la luna ya no esté, será una nueva oportunidad de partir, de comenzar. Cuando la luna no esté en el cielo es porque será el inicio de un día nuevo, en el cual serás algo más rico o seguirás siendo pobre, donde seguirás en estado de soltería o quien sabe, cambiará tu estado sentimental. Un nuevo día donde pelees con tu mejor amigo o lo necesites más que nunca porque ha sido una mala jornada y quieras llorar.
Cuando a la luna no le toca estar en el cielo, es porque ha comenzado un nuevo día, uno donde no sabes qué pasará, pero será uno donde siempre podrás volver a empezar.