
Desde el 19 de febrero del año 2000 que no estoy solo. Recuerdo esa noche, cuando a Xuxa le fue mal en el festival de Viña. Yo no lo vi, estaba ocupado en otra cosa, pasando mi primera noche con alguien. Siempre he sentido que si este muchacho no se hubiera ido de Chile, capaz que todavía seguiríamos juntos. Creo. Siento. Quiero creer.
Y si bien desde el período en que terminé con el recién señalado pasó más de un año sin conocer a otra persona, también hubo algo sin nombre en ese intertanto.
Y así, hasta el 13 de julio de este año. No quería darme cuenta. Pero es definitivo: estoy solo. Es una extraña sensación que no conocía. Antes de lo que señalaba al principio, no tuve relaciones relevantes y en realidad fueron niñerías, pero en este último período he estado acompañado siempre y es realmente distinto saber que no tienes que darle explicaciones a alguien, que no tienes que llamar por teléfono y que para nadie eres único por el momento.
Que no tienes que acordarte mensualmente de una fecha. O sea sí, pero eso es para pagar las cuentas. Y que, inevitablemente, pasas a ser el cacho de tus amigos. Claro, ellos absorben tu soledad y se te ocurren cosas para hacer en grupo cuando en realidad ellos ya tienen otros planes, con sus respectivos novios/as y tú, te tienes que hacer la idea de ir a vitrinear solo a Providencia, a sentarte solo en el patio de comidas de algún mall, porque ya no necesitas cocinar. Para qué, si estás solo.
La vida íntima también está afectada. De sobremanera. De tener al alcance, si bien no siempre pero sí sabiendo que de una u otra forma algo habría, a pasar a… 0.
Es raro, todo es raro. Aunque fui yo quien decidió que ya no más, no sé estar solo y no te preparas para ello. De un de repente estás así y nadie te dijo que ahora las reglas cambian. Uno las supone, pero no las asume. Debiera existir una capacitación con código SENCE para esto.
Y en invierno, más encima.
Te dejamos con Javiera Mena y Esquemas juveniles, acá en la ROCKO & POP
2 comentarios:
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HOLA
... BESITOS
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